Por: JAIME VÉLEZ GUERRERO Abogado, criminólogo y escritor
Tras los hechos registrados la semana pasada en la heroica, donde barras del equipo Junior protagonizaron enfrentamientos con seguidores del Real Cartagena, se hace evidente la grave problemática de violencia vinculada al fútbol en Colombia. En este contexto, los disturbios tuvieron lugar pese a que en el Estadio Jaime Morón León no se disputaba un encuentro entre los oncenos mencionados, sino un compromiso internacional en el marco de la Copa Libertadores, con la participación del club brasileño Palmeiras.
Desde el arribo de los seguidores del Junior, movilizados en caravanas de buses, se evidenciaron conductas que transgredían las normas de tránsito, entre ellas viajar sobre los autobuses en movimiento. Posteriormente, se documentaron hechos violentos por parte de hinchas del equipo cartagenero, presuntamente con apoyo de simpatizantes de otros clubes, quienes arrojaron guijarros y objetos contundentes hacia los visitantes. También se han presentado comportamientos similares por parte de seguidores del Junior en distintas ocasiones, tanto a nivel nacional como internacional.
Conviene precisar que el traslado de estos individuos en autobuses suele contar con significativo acompañamiento de la fuerza pública. Sin embargo, dicha concentración de efectivos en labores de custodia genera un efecto colateral relevante: otros sectores de la urbe quedan transitoriamente desprotegidos, al destinarse recursos gubernamentales a la vigilancia de sujetos vinculados a entornos delictivos.
La situación descrita exige una atención inmediata por parte del Estado. El Gobierno Nacional debe actuar de forma decidida en el ámbito del fútbol profesional colombiano, con el fin de salvaguardar la seguridad ciudadana y garantizar el derecho fundamental a la vida. A este respecto, los homicidios y las lesiones personales asociados a ese tipo de actores han mostrado un incremento preocupante. Un antecedente grave tuvo lugar en abril de 2022, cuando un integrante de la barra “Garra Samaria” fue asesinado en el escenario deportivo Sierra Nevada, en un evento atribuido a colectivos del Junior, los cuales, de manera reiterada, hacen uso de armas blancas, contundentes y de fuego.
La intervención del Ejecutivo no admite dilaciones. Es necesario adoptar reformas estructurales que contemplen la regulación de estos grupos beligerantes, la restricción del uso de indumentaria alusiva a escuadras dentro del coliseo futbolístico, y el fortalecimiento de los controles de acceso mediante el uso de tecnología avanzada, como escáneres. En consecuencia, toda persona que porte elementos prohibidos deberá ser aprehendida ysometida a lascorrespondientes actuaciones penales, con imposición de sanciones ejemplarizantes. Asimismo, deben prohibirse los artefactos pirotécnicos y disponerse la expulsión e investigaciónde quienes incurran en acto antisociales o discriminatorias.
De igual manera, resultaindispensable determinarlasfuentes de financiación de dichas agrupaciones: identificar quienes sufragan su transporte, facilitan el acceso a sustancias como alcohol o estupefacientes, y establecen las estructuras que permiten su funcionamiento. Elementos de esta naturaleza contribuyen de forma significativa al incremento de acciones delictivas.
Finalmente, es pertinente señalar que cuando los “ultras” se desplazan masivamente a otras ciudades o países, tienden a intensificar su forma de actuar agresiva, favorecidos por la sensación de anonimato, la limitada supervisión y el estrés. En determinados casos, el consumo de drogas o incluso el síndrome de abstinencia pueden exacerbar este patrón, derivando en la comisión de delitos como hurtos, agresiones y altercados. Un hecho reciente ocurrió en la capital paraguaya, durante la antesala del partido frente a Cerro Porteño por la Conmebol Libertadores, donde la fanaticada tiburona protagonizó episodios violentos que culminaron con la detención de varios de sus integrantes.

