miércoles, abril 22, 2026
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La agonía de las piscinas en la Universidad del Atlántico

El complejo deportivo ya no es un espacio de recreación, sino una «trampa» que pone en riesgo la integridad física y la salud de quienes intentan utilizarlo.

Lo que debería ser un escenario de alta competencia y bienestar para la comunidad universitaria se ha convertido en el símbolo de un descuido sistemático. Documentos oficiales y actas recientes del Consejo Superior revelan que la crisis de las piscinas en la Universidad del Atlántico, no es un hecho fortuito, sino el resultado de años de desidia institucional.

Para muchos estudiantes y docentes, el complejo deportivo ya no es un espacio de recreación, sino una «trampa» que pone en riesgo la integridad física y la salud de quienes intentan utilizarlo.

Un descuido «sistémico» y estructural

Informes internos presentados ante las máximas autoridades de la institución confirman que desde hace varios años las piscinas no reciben el mantenimiento adecuado a sus necesidades técnicas. El deterioro ha llegado a un punto crítico donde la infraestructura actual no permite brindar servicios de calidad ni garantiza condiciones mínimas de seguridad para los bañistas.

Durante las reuniones del Consejo Superior, se ha puesto sobre la mesa una realidad alarmante: el complejo carece de una figura responsable que supervise y responda por las actividades que allí se realizan, dejando el uso del escenario en una peligrosa zona de ambigüedad administrativa.

¿Cierre definitivo o recuperación?

La situación ha escalado a tal nivel que las autoridades universitarias evalúan seriamente si las piscinas deben ser cerradas al público de manera inmediata. Esta decisión técnica dependerá, en gran medida, de los resultados de los análisis de laboratorio realizados a la calidad del agua, los cuales determinarán si el líquido cumple con las normas sanitarias vigentes o si representa un foco de infecciones para los estudiantes.

Puntos clave de la crisis:
  • Falta de mantenimiento: Años de inversión insuficiente en motobombas, filtros y estructura física.
  • Vacío de autoridad: Inexistencia de un coordinador de área responsable del protocolo de seguridad.
  • Riesgo sanitario: Resultados de laboratorio pendientes definirán si el agua es apta para el contacto humano.
  • Seguridad: El estado de las baldosas, rejillas y zonas comunes se califica como deficiente.

Mientras se toman decisiones en el Consejo Superior, los grupos deportivos y estudiantes de la Facultad de Educación Física ven cómo se apaga un espacio vital para su formación académica. La comunidad universitaria exige que la solución no sea simplemente «clausurar y olvidar», sino una intervención integral que devuelva al Atlántico un escenario digno de su categoría.

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