Por: JAIME VÉLEZ GUERRERO Abogado, criminólogo y escritor
El hurto, en sus modalidades simple y calificada, se ha convertido en un problema recurrente dentro de los autobuses y en las estaciones del transporte masivo en Barranquilla. Este fenómeno afecta directamente el sosiego de los pasajeros, expuestos a hechos punibles.
A ello se suman actos de connotación sexual y episodios de acoso que se presentan dentro de las unidades de movilidad, especialmente cuando operan en condiciones de alta ocupación. Tales prácticas lesionan la integridad y la dignidad de las personas, quienes frecuentemente viajan en escenarios de hacinamiento que facilitan la comisión de conductas ilícitas.
Según quejas presentadas por la ciudadanía, estas acciones serían perpetradas por estructuras delincuenciales de nacionalidad venezolana, cuyo modus operandi se desarrolla en medio del tumulto, cuando una mujer frota deliberadamente sus senos contra la víctima como cortina de distracción, mientras un integrante aprovecha esos instantes para despojarla de sus objetos de valor; en otros casos, se realiza un tocamiento sutil en el falo del incauto, facilitando con ello la sustracción de sus pertenencias.
Entre los elementos de apoderamiento sobresalen los dispositivos de telefonía móvil, los cuales son posteriormente comercializados en el núcleo de receptación conocido como Fedecafé. Sin embargo, los episodios delictivos que no son reportados a las autoridades policiales incrementan la cifra negra de criminalidad, al quedar por fuera de los registros oficiales, lo que distorsiona la dimensión real del fenómeno; en consecuencia, el Estado diseña su estrategia a partir de un panorama estadístico alterado.
A su vez, la vulnerabilidad del entorno se agudiza por el abandono del módulo expreso, hoy reemplazado por el acceso corriente. Esta circunstancia no solo propicia procederes contrarios al ordenamiento, sino que además representa un quebranto patrimonial al erario público.
Asimismo, preocupa que esta coyuntura guarde vinculación con medidas de reducción de personal, en particular del encargado de gestionar la recarga de tarjetas. En lugar de mejorar la atención al usuario, se estarían anteponiendo consideraciones económicasa lacalidad del servicio.
Por lo anterior, se recomienda restablecer los tableros electrónicos que informaban el intervalo estimado de llegada de los buses, retirando la actual publicidad que genera contaminación visual en dichos espacios. Esta medida coadyuvaría a mitigar factores de riesgo situacional: al conocer los tiempos de espera, la población reducirá su permanencia innecesaria ydisminuirán las aglomeraciones que facilitan la ejecución de actividades antijurídicas.
Desde una óptica preventiva, se requiere impulsar encuestas de victimización que incentiven el reporte oportuno de incidencias por parte de los viajeros. Conviene además mantener la articulación con la veeduría de Transmetro, cuyo contacto directo y continuo con la comunidad aporta información actualizada concerniente a la dinámica criminógena, convirtiéndose en fuente primaria de inteligencia comunitaria.

