Aunque el Gobierno defiende el cobro como una medida de emergencia, gremios advierten que trasladar el costo a los usuarios no resuelve el problema de fondo.
La propuesta de aplicar un recargo de ocho pesos por kilovatio/hora en la factura de energía, con el objetivo de aliviar la situación financiera de Air-e, ha reactivado la discusión sobre quién debe asumir el peso de la crisis del sistema eléctrico en la región Caribe.
Desde el Gobierno nacional se insiste en que la medida busca evitar un colapso mayor en la prestación del servicio, pero distintos actores del sector consideran que se trata de una solución temporal que no ataca las causas estructurales del problema.
Voceros gremiales han señalado que, si bien el cobro refleja voluntad de acción, el verdadero desafío está en resolver factores como los subsidios pendientes, la deuda acumulada por entidades oficiales y los cambios regulatorios que han afectado la liquidez de las comercializadoras. En ese sentido, advierten que trasladar el costo a los usuarios podría agravar el impacto social sin garantizar estabilidad a largo plazo.
Una de las principales críticas apunta a que la deuda de la compañía —que supera los dos billones de pesos— tiene origen en decisiones institucionales, por lo que debería ser asumida por el Estado y no por los ciudadanos. Según este enfoque, el recargo apenas representaría un alivio parcial, insuficiente frente al tamaño de la crisis.
Además, expertos alertan que la situación no solo compromete a Air-e, sino que podría extenderse a otros actores del sistema eléctrico, como generadores y transportadores de energía, generando un efecto en cadena con consecuencias a nivel nacional. Incluso, advierten que, de no tomarse medidas más profundas, el riesgo de fallas en el suministro podría incrementarse en los próximos meses.
En términos prácticos, el impacto para los hogares sería cercano al 1 % en la factura mensual. Aunque el incremento puede parecer moderado, se suma a otras presiones económicas que ya enfrentan las familias, lo que ha generado preocupación entre usuarios y analistas.
A esto se añade la falta de claridad sobre la implementación definitiva de la medida, ya que aún no se han publicado lineamientos concretos tras la fase de comentarios del proyecto. Esta incertidumbre ha intensificado las críticas y el llamado a mayor transparencia en la toma de decisiones.
Por su parte, el Ministerio de Minas y Energía ha defendido el recargo como una herramienta necesaria para evitar que la deuda continúe creciendo y termine afectando la estabilidad del sistema. También ha señalado que se busca proteger a los usuarios más vulnerables, excluyendo del aumento a los estratos de menores ingresos.
Sin embargo, especialistas coinciden en que el país enfrenta un punto crítico en materia energética. Más allá de medidas de emergencia, insisten en la necesidad de una estrategia integral que garantice sostenibilidad financiera, estabilidad en las tarifas y seguridad en el suministro, especialmente ante escenarios como la posible llegada del fenómeno de El Niño.
El debate sigue abierto: mientras el Gobierno apuesta por soluciones inmediatas para contener la crisis, diversos sectores reclaman decisiones de fondo que eviten que el costo termine recayendo, una vez más, en los usuarios.

