Más de 3.000 estudiantes participarán en las actividades del Mes del Tití 2026, una campaña que busca frenar la tenencia ilegal de este primate y reforzar la protección de los bosques del Caribe colombiano.
Un cuento, una máscara hecha con material reciclado o un disfraz pueden convertirse en una herramienta para proteger una especie que solo existe en Colombia. Esa es la apuesta detrás del Mes del Tití 2026, una iniciativa que vuelve a reunir a la Gobernación del Atlántico y a la Fundación Proyecto Tití.
La programación de este año llegará a más de 3.000 estudiantes de distintos municipios del Atlántico, quienes participarán durante agosto en actividades educativas, artísticas y ambientales para conocer al tití cabeciblanco y entender por qué no debe vivir en cautiverio.
El objetivo no es solamente hablar de conservación. La estrategia busca que los estudiantes lleven el mensaje hasta sus hogares y ayuden a cambiar una práctica que amenaza a la especie: la captura y comercialización de ejemplares para tenerlos como mascotas.
La Secretaría de Educación del Atlántico preparó actividades que combinarán conservación ambiental con aprendizaje. Los estudiantes podrán participar en concursos, cuentos, ejercicios matemáticos, bailes, títeres, acrósticos, dibujos y jornadas de disfraces.
También utilizarán materiales reciclables para fabricar máscaras y representaciones del pequeño primate.
La idea es que las actividades sirvan para desarrollar competencias de lectura, escritura, oralidad y matemáticas, mientras los niños conocen la fauna de su propio territorio.
Además, la Gobernación anunció la entrega de kits escolares para más de 500 estudiantes y camisetas relacionadas con la campaña.
Katerine Torregrosa, coordinadora del enlace administrativo con la Gobernación del Atlántico, explicó que uno de los propósitos centrales es que los menores se conviertan en multiplicadores del mensaje dentro de sus familias.
El tití cabeciblanco es una especie endémica del Caribe colombiano. Su distribución exclusiva convierte al país, y particularmente a esta región, en el único lugar del planeta donde puede encontrarse de manera natural.
Carolina Chinchilla, coordinadora de Mercadeo y Comunicaciones de la Fundación Proyecto Tití, recordó que la especie no debe ser comprada, capturada ni mantenida en viviendas.
La organización trabaja desde hace más de 40 años en su conservación mediante investigación, seguimiento de poblaciones silvestres, educación ambiental, recuperación de bosques y proyectos con comunidades locales.
Desde 2010, sus programas educativos han alcanzado a más de 29.000 niños.
Una de las frases que acompañará la campaña resume su propósito: “No compres un tití real, compra un tití de peluche”. Con ella se busca combatir la demanda que alimenta el tráfico y la tenencia ilegal de estos animales.
Proteger al tití significa conservar mucho más que una especie. Su supervivencia depende directamente de los bosques donde encuentra alimento, refugio y condiciones para reproducirse.
Durante el lanzamiento de la campaña, el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, señaló que actualmente existe una población estimada de 7.000 titíes en estado silvestre, concentrada en unas 6.000 hectáreas de bosque ubicadas entre la finca El Ceibal, en Atlántico, y Los Rosales, en Bolívar.
En los últimos años se han desarrollado acciones de conservación de estas zonas, además de procesos de restauración ecológica y siembra de árboles destinados a recuperar el hábitat de la especie.
Para las autoridades, preservar estos espacios también representa una oportunidad para fortalecer la cultura ambiental en las comunidades.
La campaña busca que el tití cabeciblanco sea reconocido como parte del patrimonio natural del Caribe y no como un animal exótico para tener en casa.
Las actividades del Mes del Tití también llegarán a otros territorios de Atlántico y Bolívar donde la Fundación Proyecto Tití desarrolla programas de investigación, educación, restauración forestal y trabajo comunitario.
El mensaje que las organizaciones quieren instalar entre los estudiantes y sus familias es sencillo: el tití cabeciblanco pertenece al bosque, no a una jaula.
Su protección depende de conservar su hábitat y, al mismo tiempo, evitar que la captura de ejemplares silvestres continúe alimentando el comercio ilegal de mascotas.

