El proyecto vial más importante del norte del Atlántico enfrenta un nuevo cambio en su cronograma. Mientras se estudia una prórroga de cinco meses, residentes denuncian problemas de movilidad, deterioro vial y mayores tiempos de desplazamiento.
Los conductores y habitantes que esperaban ver terminada la Gran Vía en las próximas semanas tendrán que seguir armándose de paciencia. La obra, que inicialmente debía estar lista a mediados de julio, podría extenderse varios meses más tras una solicitud formal presentada por la empresa encargada de su construcción.
La Gobernación del Atlántico confirmó que el contratista pidió ampliar el plazo de ejecución debido a trabajos estructurales pendientes que impiden concluir el proyecto en las fechas previstas. La petición fue remitida a Edubar, entidad que deberá determinar si autoriza o no la modificación contractual.
Según la información entregada por la administración departamental, la propuesta contempla una extensión de cinco meses a partir del 30 de junio. Sin embargo, el tiempo definitivo dependerá de los análisis técnicos y jurídicos que adelanten los responsables de supervisar la obra.
Las autoridades reconocieron que aún existen componentes fundamentales sin finalizar, especialmente en las estructuras de los puentes que forman parte del proyecto.
Entre las tareas pendientes figuran la construcción de las plataformas superiores y la culminación de algunos elementos de soporte que resultan indispensables para la puesta en funcionamiento de la infraestructura.
La Gobernación explicó que varios frentes registran avances significativos.
Las columnas principales del puente vehicular y del paso peatonal ya fueron construidas, mientras que actualmente las labores se concentran en las plataformas superiores de ambas estructuras.
En paralelo, continúan las intervenciones relacionadas con redes eléctricas e instalación de postes. Por su parte, las obras de acueducto se encuentran prácticamente concluidas.
En materia de drenaje pluvial, los trabajos avanzan en los últimos ajustes sobre la carrera 51B, especialmente en sentido norte.
No obstante, el sector de la glorieta ubicada frente al centro comercial Le Champ sigue siendo uno de los puntos más complejos del proyecto, debido a las obras estructurales que aún faltan por ejecutar.
Aunque las precipitaciones registradas en las últimas semanas no han provocado inundaciones en el área intervenida, sí han generado dificultades operativas para el desarrollo de algunas actividades.
La administración departamental indicó que los mayores inconvenientes se han presentado durante las excavaciones y en la movilización del material extraído.
Según explicó la Gobernación, una conexión hidráulica construida el año anterior ha permitido evacuar adecuadamente las aguas lluvias hacia un sistema que desemboca en el sector de Mallorquín, evitando emergencias mayores.
La extensión solicitada todavía no está aprobada. La decisión final recaerá sobre Edubar, que deberá evaluar si existen argumentos suficientes para modificar el cronograma vigente.
En caso de que la petición sea rechazada, el contrato podría ser liquidado en el estado actual de ejecución y abrirse un proceso por presunto incumplimiento contra el contratista.
Entretanto, el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, se mostró dispuesto a considerar una ampliación, aunque planteó una posición más moderada frente al plazo solicitado.
De acuerdo con el mandatario, la administración contempla inicialmente una extensión cercana a un mes, argumentando que algunas modificaciones implementadas durante la ejecución aumentaron el volumen de trabajo, pero fueron adoptadas para mejorar el resultado final del proyecto.
Mientras continúan las discusiones sobre los nuevos plazos, quienes viven o transitan diariamente por la zona aseguran que las afectaciones son cada vez más evidentes.
Los habitantes denuncian dificultades para caminar debido al deterioro de los andenes, problemas de movilidad vehicular, ausencia de espacios sombreados y daños constantes en los automotores que circulan por el sector.
Las recientes lluvias también han empeorado las condiciones del terreno, generando mayor acumulación de barro y reduciendo la comodidad para peatones y conductores.
Residentes de Villa Campestre afirman que la congestión se ha convertido en parte de la rutina diaria y que los tiempos de desplazamiento han aumentado considerablemente. Además, aseguran que el costo de algunos trayectos de transporte público también se ha incrementado debido a los desvíos y retrasos provocados por la intervención vial.
Con la nueva solicitud de prórroga en evaluación, la incertidumbre vuelve a rodear una obra que desde hace meses es observada de cerca por miles de ciudadanos que esperan su culminación para recuperar la movilidad en uno de los corredores más transitados del área metropolitana.

