Dos kilómetros de penitencia.
Bajo un sol inclemente y ante la mirada de cientos de espectadores, el municipio de Santo Tomás revivió este Viernes Santo una de las tradiciones más impactantes y polémicas del Caribe colombiano: la procesión de los flagelantes o penitentes.
Desde las 8:00 de la mañana, la emblemática calle de La Ciénaga se convirtió en el escenario de un recorrido de fe que inició en el sector conocido como el ‘Caño de las Palomas’.

En total, 20 flagelantes provenientes de diversas poblaciones del Atlántico y el país se dieron cita para cumplir sus promesas. El ritual, que se extendió por aproximadamente dos kilómetros, incluyó no solo el acto de la autoflagelación, sino también la presencia del «Vaso de la Amargura» y hombres cargando pesadas cruces de madera, emulando el camino de Jesús de Nazaret.
El proceso sigue un protocolo tradicional riguroso:
- El sacrificio: Los devotos se flagelan la espalda mientras avanzan por las estaciones.
- El ritual de la cruz: Al llegar a cada una de las siete estaciones, el penitente se arrodilla y su acompañante le marca una cruz con una cuchilla a la altura de la cintura, rociándole alcohol para limpiar la herida y permitir que la sangre fluya, completando así la «manda».
Turismo religioso y fervor popular

Sin importar las altas temperaturas características de la región, la calle de La Ciénaga se llenó de propios y visitantes. Para muchos, este acto de sacrificio físico es la máxima expresión de gratitud por favores recibidos, convirtiendo a Santo Tomás en un punto de referencia nacional durante la Semana Mayor.
La postura de la Iglesia: Oración sobre el sufrimiento
Pese al arraigo cultural de esta práctica, la Iglesia Católica aprovechó la jornada para reiterar su posición oficial. A través de sus mensajes pastorales, la institución manifestó que no aprueba la autoflagelación como una forma legítima de expresión de fe.

La Iglesia enfatizó que el verdadero sentido del Viernes Santo debe vivirse a través de la oración y la reflexión profunda, la conversión interior y las obras de caridad hacia el prójimo.
Para las autoridades eclesiásticas, la fe debe trascender el sufrimiento físico y enfocarse en la transformación espiritual del individuo.
Fotos: Ricardo Guevara Puello.
@richarguevara

