Construcciones antiguas, autoconstrucción sin licencia y las características del suelo son algunos de los factores que podrían aumentar el riesgo ante futuros movimientos telúricos.
El reciente terremoto que sacudió a Colombia volvió a poner sobre la mesa una pregunta clave para Barranquilla: ¿qué tan preparadas están sus edificaciones para soportar un movimiento de tierra?
Aunque la capital del Atlántico está clasificada dentro de una zona de amenaza sísmica baja, especialistas consideran que existen sectores donde las condiciones de construcción, la antigüedad de los inmuebles y las características del terreno requieren mayor atención.
El ingeniero Jaime Curvelo, integrante de la Sociedad de Ingenieros del Atlántico, explicó que una parte de las edificaciones de la ciudad fue levantada antes de que Colombia contara con los actuales reglamentos de construcción sismorresistente.
Las primeras normas de este tipo surgieron en la década de 1980, después del terremoto de Popayán. Por ello, barrios que comenzaron a desarrollarse antes de esa época pueden tener estructuras que no fueron diseñadas bajo los criterios técnicos que hoy son obligatorios.
Entre las zonas mencionadas por el experto están Recreo, San Isidro, San Felipe, Montes, La Unión, Montecristo, Boston y El Prado.
La seguridad de una estructura no depende únicamente de sus materiales o de la forma en que fue construida. El comportamiento del terreno puede modificar considerablemente la manera en que una edificación responde ante un sismo.
Curvelo señaló especialmente sectores como Campo Alegre, Miramar y algunas áreas del suroccidente de Barranquilla, donde las condiciones del suelo pueden generar respuestas diferentes durante un movimiento telúrico.
El especialista considera necesario avanzar en una microzonificación sísmica que permita conocer con mayor precisión el comportamiento de los terrenos en las distintas áreas de la ciudad.
El crecimiento urbano también plantea nuevos desafíos. En sectores próximos al río Magdalena, donde el Plan de Ordenamiento Territorial contempla edificios que pueden superar los 30 pisos, los estudios del suelo adquieren especial importancia.
No todos los sectores presentan el mismo nivel de vulnerabilidad. Curvelo destacó que zonas como Riomar, Limoncito y Villa Carolina tuvieron buena parte de su desarrollo bajo normas sismorresistentes y sus posteriores actualizaciones.
También llamó la atención sobre sectores de alta densidad como El Golf, El Tabor, Alameda y Mallorquín, donde el cumplimiento estricto de las normas resulta fundamental debido a la cantidad de personas que habitan o transitan por estas áreas.
Un estudio de evaluación del riesgo sísmico de Barranquilla, elaborado por la Asociación Colombiana de Facultades de Ingeniería para el Servicio Geológico Colombiano y publicado en 2024, ofrece una radiografía de las características constructivas de la ciudad.
La investigación, desarrollada por Verónica Abuchar, Carlos Arteta, Jesús Caballero y César Pájaro, señala que Barranquilla está ubicada en una zona de amenaza sísmica baja según la clasificación de la NSR-10.
Sin embargo, el crecimiento demográfico y urbanístico de la ciudad llevó a los investigadores a estudiar con mayor detalle su exposición.
Uno de los datos más relevantes es que aproximadamente el 75 % de las edificaciones corresponden a mampostería no reforzada, con una concentración importante en sectores del Suroccidente y Suroriente.
La altura de las construcciones también marca una diferencia: cerca del 80 % de los inmuebles tiene un solo piso, mientras que otro 17 % cuenta con dos pisos. En total, el 97 % de las edificaciones tiene menos de tres niveles.
Los edificios de más de diez pisos representan apenas el 0,3 % del total.
El estudio también encontró una mayor presencia de sistemas estructurales de concreto reforzado y preparados para resistir cargas laterales en las manzanas ubicadas hacia el norte de la ciudad.
A la vulnerabilidad asociada con la antigüedad de algunas estructuras se suma otro problema: las construcciones que se realizan sin seguir los procedimientos establecidos.
En Barranquilla funcionan dos curadurías urbanas, encargadas de tramitar las licencias de urbanismo y construcción. Además, los proyectos deben pasar por revisiones técnicas relacionadas con sus diseños, planos y procesos constructivos.
Sin embargo, el arquitecto Dalmiro García estima que alrededor del 40 % de las edificaciones de la ciudad surge mediante procesos de autoconstrucción y sin las respectivas licencias urbanísticas.
El profesional puso como ejemplo sectores de la Ciudadela 20 de Julio, donde algunas viviendas han sido modificadas o ampliadas con nuevos niveles sin contar necesariamente con la autorización correspondiente.
La propia Secretaría de Control Urbano y Espacio Público reportó que durante los últimos cinco años se han recibido más de 300 quejas relacionadas con construcciones sin licencia, convirtiéndose en uno de los principales motivos de denuncia ante la administración distrital.
La discusión no se limita a Barranquilla. A nivel nacional también se plantea una actualización de las herramientas utilizadas para calcular el riesgo sísmico.
El Gobierno nacional saliente presentó un proyecto de decreto para adoptar el Modelo Nacional de Amenaza Sísmica de Colombia, iniciativa que permitiría actualizar las estimaciones sobre los movimientos que podrían registrarse en las diferentes regiones del país.
Para Daniel Mauricio Ruiz, profesor de Ingeniería Civil de la Universidad Javeriana, este paso resulta importante porque serviría como base para modificar el reglamento colombiano de construcción sismorresistente, que, según explicó, lleva 16 años sin una actualización integral.
El reciente terremoto, añadió, también representa una oportunidad para analizar información real sobre el comportamiento de las estructuras y utilizarla para mejorar las futuras normas.
La conclusión de los especialistas es clara: cumplir con las reglas de construcción no significa que un edificio vaya a quedar completamente intacto después de un terremoto. El objetivo de una estructura sismorresistente es reducir los daños y, sobre todo, proteger la vida de quienes la ocupan.

