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Comienza un nuevo capítulo para Colombia

Por: Alberto Osorio.

El 7 de agosto en Colombia no solo marca el cambio de un presidente. También representa el inicio de una nueva oportunidad para un país que lleva décadas buscando respuestas a problemas que parecen repetirse gobierno tras gobierno: la inseguridad, la pobreza, el desempleo, la corrupción y la polarización política.

Abelardo de la Espriella llega a la Casa de Nariño con un discurso de autoridad, seguridad y reactivación económica. Lo hace, además, con un gabinete conformado por figuras provenientes de distintos sectores: exfuncionarios, académicos, empresarios y políticos con experiencia en la administración pública. Entre los nombramientos destacan perfiles con amplia trayectoria en áreas como Hacienda, Transporte, Salud y Defensa, aunque varios también han generado debate por sus posiciones políticas o por no provenir directamente del sector que ahora dirigirán.

Sin embargo, un gabinete no se mide únicamente por la hoja de vida de quienes lo integran. La verdadera evaluación comienza cuando las promesas se convierten en decisiones y esas decisiones producen resultados.

Colombia necesita un gobierno que escuche tanto a quienes votaron por él como a quienes no lo hicieron. Gobernar no significa administrar únicamente para una parte del país, sino entender que más de 50 millones de colombianos esperan soluciones sin importar su ideología.

Uno de los mayores desafíos será la seguridad. Recuperar el control territorial, proteger a la población civil y enfrentar a las organizaciones criminales son objetivos que buena parte del país comparte. Pero la firmeza del Estado siempre debe ir acompañada del respeto por los derechos humanos y el Estado de derecho. La autoridad y la legalidad deben avanzar juntas.

En materia económica, las expectativas también son altas. Empresas, inversionistas y trabajadores esperan reglas claras que permitan generar empleo, fortalecer la producción nacional y recuperar la confianza. Ese será uno de los principales termómetros del nuevo gobierno.

La educación, la salud, la infraestructura y el campo tampoco pueden quedar relegados. Un país no se transforma únicamente con discursos sobre seguridad; también necesita oportunidades para los jóvenes, apoyo a los emprendedores, carreteras que conecten las regiones y un sistema de salud que responda a las necesidades de la gente.

Quizás el mayor reto sea disminuir la polarización. Colombia viene de años en los que el debate público estuvo marcado por la confrontación constante. Si este gobierno logra abrir espacios para el diálogo sin renunciar a sus principios, podría contribuir a reducir esa división.

Como cualquier administración que comienza, el gobierno de Abelardo de la Espriella merece ser evaluado por sus resultados y no únicamente por las expectativas que genera, sean positivas o negativas. La crítica será necesaria cuando corresponda, así como el reconocimiento cuando las decisiones beneficien al país.

Porque, al final, más allá de las diferencias políticas, hay un deseo que une a la mayoría de los colombianos: vivir en un país con más seguridad, más empleo, menos corrupción y mayores oportunidades. Hoy inicia un nuevo capítulo. El verdadero juicio no será el de la posesión, sino el que escribirán los próximos cuatro años.

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