Más de 80 personas participaron en una actividad de restauración ecológica que permitió incorporar 335 nuevos manglares rojos a este importante ecosistema del Caribe colombiano.
La recuperación de la Ciénaga de Mallorquín sumó un nuevo capítulo gracias a una jornada de restauración ambiental que reunió a decenas de voluntarios comprometidos con la conservación de este ecosistema estratégico para Barranquilla y la región Caribe.
En total, 335 manglares rojos fueron sembrados durante la actividad, una acción que busca fortalecer los procesos de recuperación ecológica de la zona y aumentar su capacidad para enfrentar los efectos del cambio climático.
La iniciativa, denominada Manos a la Ciénaga, fue impulsada por la Universidad del Norte a través de su Dirección de Sostenibilidad Ambiental.
Más de 80 participantes, entre estudiantes, trabajadores de la institución y representantes de diferentes organizaciones aliadas, se desplazaron hasta la ciénaga para realizar labores de siembra y participar en actividades de sensibilización ambiental.
El objetivo fue promover la protección de los manglares y destacar el papel fundamental que cumplen estos ecosistemas en la conservación de la biodiversidad y la estabilidad de las zonas costeras.
Además de servir como refugio para numerosas especies animales y vegetales, los manglares son reconocidos por su capacidad para almacenar grandes cantidades de carbono durante largos periodos de tiempo.
De acuerdo con los cálculos y mecanismos de seguimiento utilizados por la Universidad del Norte, los 335 árboles sembrados podrían capturar aproximadamente siete toneladas de dióxido de carbono al año mediante el proceso conocido como carbono azul.
Esta función convierte a los manglares en aliados estratégicos para reducir los impactos del calentamiento global y fortalecer la resiliencia ambiental de los territorios costeros.
La importancia de estos bosques naturales también radica en otros servicios ambientales que prestan a las comunidades.
Entre ellos se encuentran la reducción de la erosión costera, la mejora de la calidad del agua y la creación de espacios seguros para la reproducción y alimentación de diversas especies.
Su presencia ayuda además a disminuir la vulnerabilidad de las poblaciones cercanas frente a fenómenos climáticos extremos, cada vez más frecuentes en la región Caribe.
La jornada contó con el respaldo de varias organizaciones privadas, entre ellas Colarquim, UPL, Naturmega, Accesar e ISA Ruta Costera, que se sumaron al esfuerzo de recuperación ambiental desarrollado en la Ciénaga de Mallorquín.
Para muchos de los asistentes, la experiencia representó una oportunidad para contribuir de manera directa a la protección de uno de los ecosistemas más importantes del departamento.
Con actividades de este tipo, la Ciénaga de Mallorquín continúa consolidándose como un escenario de restauración ecológica y educación ambiental, donde instituciones, empresas y ciudadanos trabajan conjuntamente en la búsqueda de soluciones sostenibles para los desafíos ambientales del Caribe colombiano.

