Las ciudades y las aguas

Las ciudades y las aguas

Podrían ser ríos o mares, golfos o cabos. En todos ellos está el agua. En el mundo algo de esto tienen las ciudades. A su vez, las ciudades serán determinadas por las corrientes de agua, algunas porque las aceptan de manera natural como semejantes, con quienes comparten el medio ambiente, otras porque las corrientes de agua se lo imponen. En todo caso, las relaciones entre las ciudades y las aguas no se pueden esquivar, están ahí, unas más cercas, otras más lejanas.

Desde la antigüedad los ríos han sido protagonistas de las historias de las ciudades. Los ríos Éufrates y Tigris hacen parte del inventario de una región dotada por la naturaleza, tanto que contribuyeron a que en Mesopotamia se levantara una cultura próspera, entintada con un notable liderazgo. Fue la relación de una sociedad organizada, que en consecuencia descubrió el desarrollo, pero que no obstante reconoció con quién compartía el territorio.

El Nilo, por su parte, también desde la antigüedad y en el espectro de lo histórico, está unido a la civilización. Además de relacionarse con una sociedad, el Nilo se denota, como sucede con los ríos Éufrates y Tigris, con el desarrollo. En efecto, el Nilo es actor principal de las escenas realizadas por Egipto, avasalladoras sobre otras regiones. También como el Éufrates y el Tigris se encuentra dentro de los actores de las historias de la Biblia, que son las historias del mundo desde su nacimiento.

Los ríos siempre han sido vasos comunicantes desde la óptica del transporte. Por cuenta del progreso algunos cumplen la función de manera compartida con los puentes que por demás hicieron el tránsito más práctico, sin embargo, apartaron la aventura de viajar en las embarcaciones que acercaban a las personas de una orilla a otra. En todo caso, a pesar de que se han limitado las funciones a los ríos con ocasión de los puentes, entre ellos surge un paisaje articulado, que de pronto no permite separarlos, y al contrario, cuando aparece el río llama a un puente para que esté en la fotografía, o viceversa, cuando aparece un puente hay que levantar una mirada para conocer el río que está a lado y lado.

Desde la unidad con ruedas que transporta se mira a lado y lado para distinguir las diferencias en el paisaje. Desde el aire, el compartir de la escena entre el puente y el río se aprecia mejor, se comprende por qué deben asociarse, no obstante, es visible desde el aire que el río atraviesa silenciosamente la ciudad y se anuncia como elemento necesario de avance. Volviendo a una vista desde tierra, como fomentadores de la construcción de malecones y en su condición de plataformas de desplazamiento, los ríos entraron a ser parte de las rutas del turismo. El recorrido por el río y el turismo consustancial están ligados a emblemáticas ciudades, En este sentido es inevitable la relación del río Sena con París, del Hudson con Nueva York, del río de la Plata con Buenos Aires, o de los paisajes que se configuran en el valle del Loira, empero, no podemos dejar de lado la relación nacional del Magdalena con Colombia, y a nivel local con Barranquilla.

Otras ciudades no solo conectaron las aguas con el turismo, sino que armonizaron su cotidianidad con las aguas o se convirtieron en culturas funcionales. Holanda aprendió a convivir en medio de las aguas, estas no son estragos para ella, se aceptan y se reconocen como benefactoras. Las otras corrientes de agua también tienen su protagonismo con las civilizaciones, el Mar Mediterráneo está anclado con la cultura griega. En la Costa Atlántica de nuestro país son evidentes estas relaciones. El Cabo de la Vela con la Guajira, el Golfo de Morrosquillo con la Sabana.

Las corrientes de agua han sido inspiradoras en la literatura, en el cine, en las artes, pero en general, creemos que están involucradas con las ciudades, la diferencia está en las relaciones de las unas con las otras. Algunas relaciones han sido optimizadas, otras abandonadas, también están las de ires y venires, como los sentimientos que se apartan y se unen por temporada. Lo que sí está claro es que las ciudades que han logrado la empatía con las aguas han visto sus bondades.

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