El amor en tiempos de pandemia

El amor en tiempos de pandemia

Es maravilloso como todos los contagiados se preparan para morir, dejando todo organizado para que sus dolientes no pasen trabajos económicos, tal vez, como nunca antes en la historia de la humanidad se había hecho.

Jamás habíamos tenido la muerte cara a cara de una manera amenazante típica del mejor film de Hollywood, casi con una frase en nuestra mente que dice: “Y ahora quien seguirá”

Sin embargo y en paralelo, así como unos organizan todo para su posible sepelio, incluso sin haber enfermado del pandémico ataque al sistema nervioso central y cuando la fragilidad de la vida se hace más evidente, otros le apuestan al vivir, pues la muerte la desconocemos.

A comienzos del comienzo, se popularizó una frase casi en todos los rincones del mundo, sobre todo en los gremios que viven de lo que produzcan “hoy”, como los vendedores ambulantes.

“Prefiero morir de covi y no de hambre”

¿Cuál es el mensaje detrás del mensaje y hasta donde esta pobre gente sin ninguna preparación académica entendieron la base de la PNL? (Programación neurolingüística)

“Toda la información que le sea suministrada al cerebro, la mente subconsciente la toma de manera literal, ella solo obedece y no sabe de bromas”.

Por supuesto que los pobres son la franja más golpeada por el flagelo en todos los países, pero todos estamos observando como los ilustres y acomodados letrados que hasta hace muy poco vivían paranoicos y cismáticos, nadie podía visitarlos y al residente de la casa que llegaba, lobombardeaban a spray, lavado de manos, zapatos y eso sin contar con que la ropita que traía
puesta, era tomada con la punta de los dedos, como si de despojos en estado de descomposición
se tratara.

Estos mismos que extremaron los cuidados a pie juntilla y se aprendieron el ABC de las prevenciones que nos vendieron los medios y las redes, ahora para finales de año, en una decisión casi suicida, se apretujaron en un avión sin ninguna sana distancia, violaron todas las medidas de bioseguridad, escasamente se pusieron mascarilla para entrar a un super y se parrandearon las fiestas de fin de año tomándose hasta el agua del florero, echando por el piso todos aquellos extremos cuidados que los inmunizaban del bendito bicho.

Y retomo mi frase.

“Prefiero morir de covi y no de hambre”

¿Saben que significa realmente?
Que la vida real, son abrazos, besos, apapachos, te quieros al oído, demostraciones de cariño hechas de forma personal, compartir una comida, estrechar las manos de los nuestros, bailar, reír y vivir¡¡¡

Prefiero morir de covi y no de hambre de afecto.

La gente se cansó de lo virtual y del bendito orden mundial.

La gente quiere un mundo de carne y hueso donde las lágrimas se junten y se llore de alegría y de placer de poder abrazar aunque esta sea la última vez y nos contagiemos todos y todos nos muramos.

Es que no se puede ni vivir, ni entender la vida de otra sana y limpia manera que no sea rompiendo los protocolos a los que inmisericordemente nos han sometido.

Que me mate el covi, pero no el hambre de amor, porque finalmente el covi puede llevarnos a la tumba, pero no le permitiremos que nos robe los abrazos que nos daremos antes que eso suceda y nos silencie de manera subrepticia con un cubre bocas que más bien es un tapa bocas para callar todo eso que tenemos atorado y queremos gritar.

La idea no es incitar a la violencia que transgrede la instrucción de los gobiernos.

Absolutamente

Es solo que esto tiene-Como casi todo-Dos vías y si una de ellas es morir, pese a todos los cuidados del mundo, cosa que ha sucedido y que está sucediendo, quien sabe hasta cuándo, al menos, la actitud que muchas personas de diferentes partes del mundo tuvieron en estas pasadas fiestas decembrinas, viajando en masa a sus diferentes lugares de origen, fue la misma forma de protesta del vendedor ambulante que pese a todas las restricciones, sale a vender su producto porque de verdad, prefiere morir de covi y no de hambre y sin embargo sigue viviendo porque nadie se muere en la víspera y porque, hasta para los más incrédulos, uno se muere el día que le toca y no antes, o mejor aún.


El día que Dios decida.

Los dejo con una reflexión que escuché en México, mi residencia actual, porque el refranero popular no se equivoca.

“Cuando te toca aunque te quites y cuando no te toca, aunque te pongas”.

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