¿Por qué el distanciamiento social obligatorio, gestado a partir de la pandemia de Covid-19, puede, en exceso, deteriorar nuestra salud mental?

¿Por qué el distanciamiento social obligatorio, gestado a partir de la pandemia de Covid-19, puede, en exceso, deteriorar nuestra salud mental?

Partiendo de la coyuntura permanente que está viviendo la humanidad actualmente por cuenta de la situación que los seres humanos estamos experimentando ante la letalidad de este virus que ha sacudido a la esfera del planeta tierra desde hace más de un año, hoy en día nos mantenernos sumergidos en un distanciamiento social que nos hace permanecer alejados los unos de los otros.

Si bien reconocemos que esta medida de autocuidado tiene como propósito detener y/o mitigar la propagación del contagio del virus COVID -19, emocional y mentalmente esto está afectando la integridad mental de las personas, ya que la impotencia de no dar un abrazo, un beso, un saludo de mano y compartir con los demás sin restricciones, ha generado sentimientos de represión, rabia, tristeza, nostalgia y depresión, siendo esta última la que ha cobrado mucha fuerza en las personas.

Sin embargo, en medio de este contexto social subjetivo, emerge la objetividad de la óptica psicológica, a través de la cual asumimos una postura neutral para exaltar los protocolos sanitarios propuestos por el gobierno, entendiendo que estas medidas de bioseguridad nos están conllevando a preservar la salud y la vida, evitando con ello que nuestro país Colombia colapse, considerablemente, en comparación con la mortandad de casos registrados, por ejemplo, en Estados Unidos y Europa.

No obstante, cabe resaltar que ante la ausencia de una vacuna y/o de medidas efectivas para combatir el virus, Colombia ha sufrido un colapso en su sistema de salud, lo cual, a su vez, ha repercutido económicamente y socialmente en todos los entornos de la geografía nacional, afectando notablemente la salud mental de las personas.

Y esto se debe, de cierta manera, a que, en este tiempo de prolongación del aislamiento selectivo, el cual, a pesar de completar casi un año, nosotros como personas nos hemos abstenido de salir libre y espontáneamente a hacer nuestras actividades diarias como de costumbre, siendo este epicentro el que dinamiza dicho distanciamiento al no interactuar, como antes, con las personas, tal como solíamos hacerlo tradicionalmente.

Es así como esta dinámica social costumbrista ha cambiado drásticamente, conduciéndonos a transitar por senderos donde aparecen un conjunto de alteraciones psicológicas que afectan nuestra salud mental, producidas por afectaciones como la depresión, la ansiedad, trastorno bipolar, ansiedad, estrés, entre otros que se disipan en esta crisis sanitaria que sigue creciendo y que amenaza con estar presente por muchos meses más, aunque se haya encontrado una vacuna para todos. 

Por tanto, es de vital relevancia analizar con rigurosidad los pequeños problemas que consideramos que nos afectan “la salud mental”, ya que eso nos hace revelar o exteriorizar conductas que no son propias de nuestra personalidad, lo cual va auspiciado por este distanciamiento prolongado. Esto, en consecuencia, poco a poco nos va deteriorando moral, emocional, sentimental y psicológicamente como seres humanos, puesto que esta adversidad sanitaria está influyendo en nuestras interacciones sociales, las cuales, cada día se van diluyendo, volviéndonos distantes, solitarios e inexpresivos emocionalmente. Ya, hoy por hoy, es posible apreciar la carencia de abrazos, besos y palabras que algunas veces se omite por temor a contagiarse e ir en contra de las normas sociales.

En todo este compendio de la realidad descrita anteriormente, se resaltan estudios que demuestran que el ser humano, por su naturaleza, es un ser social que crece y evoluciona por medio de la interacción con otros individuos donde aprende pautas de comportamientos. Incluso, los aplica en la misma sociedad y construye su identidad de ser, siendo necesario para lograr la permanecía tanto del individuo como de la sociedad misma. (Arellano Rodríguez,2018). De lo anterior es importante restablecer la conexión social en pro de la salud mental. Asimismo, otras investigaciones han demostrado que las interacciones y las pautas determinan nuestras acciones, pensamientos y sentimientos” (Ibáñez,2011)

Por consiguiente, en la integración social se abre un gran abanico de posibilidades que representan la configuración de nuestra mente y dan lugar al despliegue de nuevos esquemas mentales, procesos interpretativos y conductas que no pueden ser omitidos sin este factor. Precisamente, hace 40 años, un estudio reveló que las relaciones conflictivas de convivencia tienen su origen en la falta estructural de redes sociales de menor influencia en el desarrollo de pautas relacionales y la salud mental de cada individuo. Además, este estudio destacó que uno de esos vínculos conflictivos puede ser “aquellas relaciones en las que surgen molestias o enojo” (Barrera, 1980).

Por ende, el gran interrogante con el que abrimos el titular de este artículo, va enfocado a la finalidad de conocer cuáles son las repercusiones que, a nivel de salud mental, ha traído consigo el distanciamiento social; pero también ahondar en conocer cuáles son las estrategias que, a nivel de salud mental, ha impartido el gobierno nacional, en el sentido de que los colombianos puedan comprender, generar consciencia de esta gran situación e inyectarse un poco de la VACUNA EMOCIONAL que necesitamos, con el fin de mitigar esta realidad, generar bienestar, calidad de vida y resiliencia a nuestras vidas. 

Por: Danara Escorcia Lubo
Psicóloga educativa, Uninorte.

REFERENCIAS

Arellano Rodríguez, C. A. (2018). Introducción a las ciencias sociales. Grupo Editorial Patria.

Ávila-Toscano, J. H., & Madariaga, C. (2015). Interacción social conflictiva y problemas de salud mental en redes personales de ex combatientes ilegales en Colombia. Terapia psicológica, 33(3), 277-283.

Ibáñez Gracia, T. (2011). Introducción a la psicología social. Editorial uoc. 440 páginas. De la matemática. Sapiens. Revista Universitaria de Investigación.

Barrera, M. (1980). A method for the assessment of social support networks in community survey research. Connections, 3, 8-13

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