El Malecón Del Río, maravilla de mi linda Barranquilla

El Malecón Del Río, maravilla de mi linda Barranquilla


Por Gaspar Hernández

El hombre caminando hizo la humanidad. Y los caminos se hacen, canto el  poeta y el cantor, caminando. Andando. Ni corriendo ni trotando, pues trotan los caballos y corren los atletas, dioses olímpicos, los maratonistas. Los humanos caminamos. Somos peripatéticos. Caminar es pensar. Nos hace falta caminar para descubrir la poesía que nos rodea: árboles, faunas, mares. Y mí Río.

Para recuperar esa condición humana: la de caminar contemplando y creando ideas y soñando, creo, presumo, se ideó el malecón del río, ese camino que nos abraza, a propios y extraños, a las brisas, sonrisas, música, canícula y culinarias de la cuenca del Río De La Magdalena, el mío, el tuyo, el que permitió la civilización desde aquí, desde mi ciudad de origen, la linda barranquilla, la que duerme y suda desde Los Tajamares que veo, desde el balcón, en ese tesoro llamado: bocas de ceniza.

  • Recientemente, en una aurora, descubrí con mi hijo mayor, ese camino, el del Malecón del Río. Y  escribí a mis amigos, entre sorprendido y encantando, el siguiente texto, que se los envié por WhatsApp:

“Dormí de niño, joven y soltero bajo una ventana de madera y de varillas de hierro. En un cama delgada de hierro y de madera, sin colchón.

Cuando indague sobre su origen, mi padre me dijo:”Era del camarote de una nave que viajaba desde el rió hasta la bahia de Santa Martha. en ella dormía y terminaste heredándola!”.

Eso lo recordé esta mañana cuando bien temprano, en el alba, ví brillar el color naranja del naciente sol en el horizonte, mientras caminada sobre las brisas de éste Diciembre por el Malecón del Río de Barranquilla que se besa, majestuosa cara a cara, con el impetuoso Magdalena.

He caminado por el Malecón de La Habana frente al Mar Caribe, por el de Puerto Madero bordeando el ancho río de La Plata en el Buenos Aires de mis nietos. Así como el Malecón de Barrancabermeja en el mismísimo Magdalena, como el Malecón a orilla del Sinú en la Córdoba de mis ancestros maternales. Pero ninguno me emociono tanto como el de mi querida Barranquilla.

EL MALECÓN DEL RÍO, AÚN SIN TERMINAR, ES ESPACIO SUFICIENTE PARA TODOS Y TODAS: SIN ESTRATIFICACIÓN SOCIO-ECONÓMICA. Y MENOS HUMANA. AHÍ SE PUEDE LIBREMENTE CAMINAR, VAGAR, OCIAR, TROTAR, CORRER, MONTAR CICLA, PATINES, DESAYUNAR, BEBER, CONVERSAR Y HASTA AMARSE CON SONRISAS, GUIÑADA DE OJOS, ALZADAS DE CEJAS, CARICIAS DE BRISAS Y SOPORES DE MEDIODÍA.

QrÁA. Tan repleto de brisas, plantas anfibias, de guineo y bijao. También de tarulla florecida de solferino imitada a lavanda. Y de gente libre de mi ciudad, labio a labio con el soñado Río, acariciándose día y noche. Eternamente. Ciudad y río.

Camine ésta mañana entre las brisas, al borde del río, viendo bailar sus olas al son del cha…cha…cha del río y adorando al sol que nacía. Me alegre tanto observando las garzas y desde una lanchas a unos jóvenes pescadores que, cada mañana gritan:”coco…cocoooo. coco frio!!!. pescáooo!”.

Camine sin apuros. Lento como peleando con el viento. Feliz y contento contemplando a viejos o mayores que yo, jóvenes y niños, señoras y señoritas. Perros. Todos andaban o jugaban. El Malecón del Río, aún sin terminar, es espacio suficiente para todos y todas: sin estratificación socio-económica. Y menos humana. Ahí se puede libremente caminar, vagar, ociar, trotar, correr, montar cicla, patines, desayunar, beber, conversar y hasta amarse con sonrisas, guiñada de ojos, alzadas de cejas, caricias de brisas y sopores de mediodía. El Río se lleva todos los amores de cumbiamberas al Mar.

Tantas veces soñé en esa cama de hierro y de madera caminar por el Magdalena. Ya cumplí esos sueños de haber nacido en Barranquilla: tierra de mis nietos y de mis tres hijos. De mis amores por el Magdalena, al que saludo las veces que quiero desde mi Balcón de Jardines. Y ahora, declarando el amor currambero a El Malecón del Río. Al que hay que visitar y cuidar como amantes de la vida ribereña. Y así y ahí: beber café, un fría ” sin igual y siempre igual”, morder la pulpa del coco y saborear la gloria de su agua fría. Caminar sonriente y sin prisa entre sus brisas y su orilla killera.“

Y ahora que lo he gozado puedo atreverme a invitar a divisar, en la madrugada, la silueta de la Sierra Nevada, con sus picos y bajadas, como si fuese el cuerpo extendido, tendido, dormido y desnudo de una mágica mujer, multiplicando eternamente  su reposo coqueto sobre un colchón de nubes viajeras, mientras el sol levanta su candela y la luna aún despierta se despide, esa visión que contemplan mis ojos solo se vive en esa orilla del magdalena: la de la nueva Barranquilla. 

Pero como hay de todito y está inconcluso, creo que a El Malecón del Río le faltan unos palos de mataratones, para sentir sus olores y flores que recuerdan Carnaval. Carnaval de la arenosa: La reina del Río Magdalena, para propios y extraños. Mi nueva Barranquilla, comienza y termina en El Malecón del Río. cha…cha…cha del rio.

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