Todavía falta

Todavía falta

Con el descubrimiento de América se escenificó el encuentro de dos mundos. Al verse cara a cara estos dos mundos, uno de ellos advirtió de su mayor grado de avance y civilización, y el otro, por supuesto, se dio cuenta que la diferencia era notable.


Eran los mismos seres humanos, sin embargo, los más adelantados, por ese motivo, se sintieron superiores. Ese sentir se aprecia en el contexto contemporáneo, de ahí que los menos dotados quieren aprender de los evolucionados. Este natural deseo conlleva a los desplazamientos en busca de una mejor educación, de una perspectiva profesional, y en general, de un superior bienestar. En este sentido, desde lo natural, el hombre menos privilegiado se conecta con otra sociedad que sí es garantizadora.


Desde lo colectivo el asunto es diferente. A pesar de los liderazgos la comunidad depende de los relevantes propios de su naturaleza. Aunque se relaciona con los más desarrollados, Latinoamérica continúa mostrando sus funcionamientos propios. En efecto, así como se presenta la diversidad de cada país, se advierten los elementos comunes en nuestro continente. Los politólogos, internacionalistas, filósofos, y en general, los intelectuales, diagnostican que ya no son las tres tradicionales clases sociales-alta, media, baja- las que coexisten en la actual sociedad. Estos analistas lo que enseñan es que actualmente en Latinoamérica confluyen más de siete u ocho clases sociales, pero no porque haya ocurrido una mayor prosperidad, no, es porque la brecha de la desigualdad aumenta cada día.


Otro aspecto que los entendidos examinan es el eterno ideal de unidad. Este ideal todavía no termina de configurarse. Cada vez se organizan diferentes grupos, pero no se logra un avance sustantivo, es decir, muchas organizaciones, pero poca unidad. Es simple, no tenemos en Latinoamérica un pasaporte común como es natural en Europa.


Lo demás … También sigue igual. Un listado de derechos en las constituciones, empero, una ausencia de justicia material, inclusive, más todavía, una crisis en el acceso a la justicia. La sala de máquinas que explica el abogado, sociólogo y académico argentino Roberto Gargarella en relación con la estructura de los poderes públicos continúa con el mismo ritmo, el maquinista no ha decidido aún cambiar de rumbo.


La pregunta necesaria u obligada que se formulan los intelectuales es si hay esperanza en Latinoamérica. La respuesta de algunos de ellos es de un tono pesimista. Como quien dice, todavía no se ve la luz al final del túnel. ¿Qué queda? Lo que se alcanza a ver es el reflejo de lo que va ocurriendo en cada sociedad. A nivel mundial hay unos acuerdos, tecnología, ciencia, sin embargo, en este nivel también hay desesperanza sobre lo que sucederá en el futuro, por ejemplo, con asuntos como el medio ambiente. Como se titula esta columna, todavía falta, tanto, que no sabemos aún todos los estragos que dejará la pandemia.


En Latinoamérica seguirá el revisionismo, el volver a empezar … la solidez de las instituciones, la continuidad de las políticas públicas, en general, el sistema institucional. En el resto del mundo los países desarrollados en medio de sus propios egoísmos y ambiciones tendrán que detenerse para estudiar cómo se hace la vida más sostenible en el planeta, que por culpa de un desarrollo feroz y la naturaleza humana se nota agobiado.

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