«Debemos fortalecer una opción de centroizquierda para 2022» Humberto de la Calle

«Debemos fortalecer una opción de centroizquierda para 2022» Humberto de la Calle

Humberto De La Calle, exjefe negociador del Gobierno y excandidato presidencial, dijo que hay aspectos estructurales del Acuerdo de Paz sin avance e insistió en la necesidad de fortalecer una opción de centroizquierda para 2022.

¿Qué significado personal tuvo para usted liderar las negociaciones para encontrarle final al conflicto armado más largo del hemisferio occidental?

Fue muy sorpresivo. Cuando Juan Manuel Santos me llamó a esta tarea yo estaba bastante retirado de los temas de la vida pública. Fue una estupenda experiencia en medio de las dificultades, las tensiones, las amarguras y los sobresaltos, que en lo personal dejó resultado muy satisfactorio porque aprendí muchísimo al recoger viejos conocimientos y completar otros, y discutir en la mesa en un esfuerzo de mirar al antagonista para cumplir un propósito.

Luego se dividió el país de manera feroz. Eso ha generado un aluvión de insultos, denuestos y descalificaciones. Estoy medio acostumbrado e incluso a veces hasta me hace falta. Estoy tan convencido de que lo que se hizo era lo que le convenía a Colombia. La historia nos mostrará que ese era el camino y el llamado ahora es a que no desistamos. Es mi preocupación en este momento. Creo que no deberíamos perder esta oportunidad.

En su más reciente informe, el instituto Kroc dice que el 15% de lo acordado está en camino de ser implementado, un 36% se encuentra en estado mínimo y el 24% necesita empezar a ser ejecutado. ¿Qué valoración hace al respecto?

Creo que esto tiene claroscuros. Lo que el instituto Kroc muestra es que hay puntos en los que en efecto el Gobierno ha venido cumpliendo. Suelo reconocerle a (Emilio) Archila que ha encausado lo que tiene que ver con la reincorporación y están los Pdet. Es una visión que puede no implicar el 100% de cumplimiento, pero sí un compromiso. Creo que el Gobierno se está moviendo en medio de dificultades fiscales y de un cierto desorden inicial.

Pero detrás de esto hay unos interrogantes y unos vacíos muy grandes. Lo primero es que el Gobierno y Álvaro Uribe dicen que se van a entender con los guerrilleros de base, pero deja de lado temas que son mucho más estructurales, como la reforma rural integral, la reforma política y la justicia transicional.

Ha habido enormes dificultades y en el trasfondo hay una negativa del conflicto que se expresa con la muerte de los excombatientes y líderes de muy distintas procedencias. No se puede simplificar el fenómeno. El Gobierno a veces dice que es un tema ligado con el narcotráfico, pero es que mueren defensores de derechos humanos vinculados a diferentes causas. Es un Estado quebrantado que no es capaz de resolver este problema. Hay un desbordamiento. Y, en todo caso, así no se le atribuya la responsabilidad originaria al Gobierno, hoy debe actuar.

El exministro Mauricio Cárdenas escribió un artículo sobre el Covid-19 y el posconflicto en el que dice si se formara un país con las 16 regiones de Colombia que hacen parte de los Pdet y que incluye 170 municipios, este sería el más pobre, el peor en infraestructura, el más violento y el de mayor participación de actividades ilegales en su economía. ¿Cuáles fueron los criterios para seleccionar esos municipios?

Esa descripción es cierta. Sería un país casi que inviable. Nos salvan la cara los promedios, pero si uno se enfoca en esos municipios se encuentra esa Colombia olvidada y destrozada. Cuando sale la pandemia, la primera reacción fue ‘dejemos eso de la paz para después’. Por fortuna, el Gobierno encontró que ese no era el camino. Una de las maneras de atacar la pandemia es hacer presencia en la Colombia invisible. Es que allá es donde no hay una UCI, en algunas zonas no hay hospital, no hay escuelas ni la más mínima presencia del estado. Si lo miramos desde esa perspectiva, lo que significa es que hay una priorización natural producto de la realidad que describe Mauricio Cárdenas.

¿Los recursos paz están a salvo o existe la posibilidad de que el Gobierno le eche mano por razones de la crisis?

Siempre pueden pasar cosas y sorpresas. Inicialmente hubo el intento de sacar dinero de la paz para trasladarlo a las urgencias inmediatas. No puedo asegurar que haya ocurrido al interior del Gobierno, pero en el Centro Democrático sí. Un error y una miopía monumental. Tenemos unos problemas urbanos, pero en la Colombia olvidada ni siquiera hay servicios elementales.

Diría que en este momento, más por decisión política, se tomó la decisión de proteger esos recursos en la medida que dinámicamente se pueden conducir a los objetivos que genera esta crisis. Quisiera creer que esos recursos, aún disminuidos y golpeados por la situación fiscal, están a salvo. En general creo que tenemos los recursos preservados aun cuando yo creo que todos los recursos van a bajar por razones simplemente fiscales.

Las curules estaban pensadas para darle una vocería política a estas regiones olvidadas. ¿Qué va a pasar con ellas?

El Gobierno encontró que en las zonas más afectadas había un déficit de representación política, por lo que se pensó en darle una voz política para intentar desatrasarlas en términos de participación. Esto se convirtió en una voz para las víctimas, lo cual implica excluir de esas circunscripciones a los partidos, incluido el de las Farc.

La gran patraña que se dijo es que son unas curules escondidas para las Farc, lo cual no es cierto. Hicimos el recuento de la historia electoral de algunas de esas regiones y en muchas ha ganado el Centro Democrático. Hagan la cuenta en la Registraduría, pero como esto se convirtió en la utilización del mito con el ánimo de cerrarle el paso a la negociación.

En el punto uno del Acuerdo, sobre la reforma rural integral, hay una cifra que a uno lo deja impresionado: 43 millones de hectáreas en ganadería extensiva. ¿Cómo manejar ese problema y modernizar el campo?

El problema agrario es fundamental. Cómo es posible que esta élite colombiana no haya entendido que esta es una solución para Colombia, no para las Farc. Un país que desperdicia muy buena parte del hectareaje útil para la función agropecuaria limita entre cinco y siete millones de hectáreas la utilización propiamente agrícola.

La política agraria en Colombia en el siglo pasado se traducía en términos de baldíos y colonización. Todo esto se hizo con un esquema que se llama servidumbre, que ha sido un lastre para Colombia. El Acuerdo habla de otras formas de utilización del campo de cara al proceso de globalización de la economía. Un enfoque pluralista distante a las viejas reformas agrarias ideologizadas de los años 50 y 60.

No hablamos de expropiación. El régimen de expropiación en Colombia es el mismo. Eso no se tocó en el Acuerdo. La gran oportunidad es que el Fondo de Tierras de tres millones hectáreas por lo menos la mitad están en manos de corruptos y narcotraficantes. O sea que al Estado le saldría gratis, entre comillas, si solo cumpliera la ley.

¿A qué le atribuye que el país se haya reconciliado con otras guerrillas, como la del M-19, pero no con las Farc?

Varias cosas. Una resistencia de la sociedad colombiana frente a las Farc por la degradación del conflicto: secuestros de 10 y 12 años, extorsiones a tutiplén y la vinculación con el narcotráfico fueron, justificadamente, endureciendo a la población. En segundo lugar surge el paramilitarismo, un fenómeno que muchos colombianos consideraron necesario y por eso muchos quieren sacar a militares y terceros de la JEP.

Hay cierta resistencia a soslayar la acción de otros protagonistas y cargar la mano exclusivamente a las Farc. Eso sí degenera la idea de la justicia transicional porque cualquier eslabón que quede es una semilla para nuevas violencia. Si uno no afronta todos los vectores que llevaron a la violencia, no vamos a salir de esto. Deberíamos pensar en el futuro. Lo que se trata es doblar la página para mirar una Colombia en la que nos podamos reconciliar.

Con la mano en el corazón, ¿se equivocó el Gobierno en proponer un plebiscito para la validar los acuerdos de paz?

El doctor Santos dijo ya que había habido un error. Yo no estoy de acuerdo con él. Creo que esa vía, aún con el resultado obtenido, era un llamado a la legitimidad y a la perdurabilidad de los acuerdos en una sociedad tan conflictiva. Ese plebiscito sirvió de pleno para conducir la mesa por esquemas totalmente razonables y controlar a las Farc, porque ellos planteaban propuestas sobre las que hacíamos un llamado de atención: ‘¿ustedes creen que lo van a votar los colombianos’.

Y que en medio de esa situación de tanto odio hacia las Farc, sus errores, la prolongación innecesaria y exagerada de las conversaciones que nos fueron acercando al tema propiamente electoral, los ataques y la mentira generalizada, es una cosa heroica haber obtenido el 49.78%, casi la mitad de votación. Me atrevería a decir que hoy, con toda la diatriba que se ha tratado de mantener artificialmente, hoy puede haber mayoría por el sí.

¿Lideraría un proceso de constituyente?

No creo que haya que proponer una constituyente omnipresente, porque me parece que lo que está vigente y vigoroso de la Constitución del 91 es suficientemente válido para continuar en un proceso de transformación del país, que se ha quedado estancado más por decisiones políticas que por normas constitucionales. Ahora, en el tema de justicia, su coterráneo Alfonso Gómez Méndez ha propuesto una constituyente limitada y yo pensaría que es necesaria, porque estamos en un juego de poderes que se anulan.

¿Se le mediría a ser el negociador de un proceso de paz, esta vez con el ELN?

Conozco al ELN menos de lo que conocí a las Farc. Es una negociación mucho más difícil. En la práctica estoy viendo una situación tan difícil que uno tendería a decir que no, pero eso no debe interpretarse que me haya quedado un lastre negativo de lo que se hizo con las Farc. Es uno de los momentos de mayor orgullo para mi vida, mis hijos y mis nietos. Por mucho que sigan insultando, sigo creyendo que eso era lo correcto.

¿Repetiría una candidatura presidencial?

No estoy en eso. No creo, pero decir de esta agua no beberé en condiciones cambiantes es muy difícil. La vida le enseña a no decir esas rotundidades. Ahora, veo un panorama complicado lamentablemente. Creo que debemos robustecer la opción de centroizquierda democrática, pero a veces me preocupa el canibalismo de esta franja. Me preocupa, por ejemplo, que Petro en la campaña tuvo un lenguaje más moderado y ahora se ha venido radicalizando al punto de colocar a Claudia López como uno de sus objetivos favoritos y descalificando a Fajardo, quien con Robledo dicen que no se entenderán con él.

Es decir, creo que para evitar el 2018 donde estas dos máquinas aspiradoras monumentales de Petro y el Centro Democrático y Duque se chuparon el centro, habría que hacer un ejercicio de renunciación. De entender que esta unión es indispensable. Eso se logra con una ingeniería inversa: hagamos primero el programa, donde se diga de manera concreta qué haría ese gobernante y qué no, y quien salga elegido, que lo cumpla. Si perdemos ese norte, nos vamos a destrozar internamente.

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