Un llamado a la conciencia individual y colectiva

Un llamado a la conciencia individual y colectiva

Para iniciar estas líneas quiero hacer un homenaje a las 2.310 personas que han fallecido en Colombia a causa de esta pandemia, nos duele que sus vidas hayan sido apagadas por este terrible virus, el vacío que han dejado es muy profundo y permanecerá siempre. Mis condolencias a todas las familias que en el triste aislamiento han tenido que dejar ir a sus seres queridos sin poder enterrarlos y llorarlos como quisieran, una pena multiplicada que hace todavía más difícil el duelo.

Mantenernos lejanos al dolor, a la realidad, nos está matando. La falta de conciencia de los ciudadanos que se creen invencibles en Barranquilla y el Atlántico, nos tienen registrando cifras diarias que suman más del 40% de nuevos casos de contagiados por COVID-19 en el país y reportando números de fallecidos por día que corresponden al 50% de lo sumado a nivel nacional.

El pasado domingo con el deceso de 111 personas en 24 horas, se registró en el país la cifra más alta de muertes por Coronavirus desde que inició la pandemia, el disparo en el número de nuevos casos tampoco se ha logrado contener y sigue creciendo con cifras por encima de los tres mil contagiados, de las cuales Barranquilla y el Atlántico aportan casi la mitad. Entre las tres ciudades del país con la mayor tasa de contagios y fallecimientos por cada 100 mil habitantes se encuentran Barranquilla y Soledad con cifras que duplican a las ciudades más grandes de Colombia: mientras que Medellín presenta una tasa de 4 decesos (por cada 100 mil habitantes) y Bogotá una de 6, las dos ciudades del Atlántico tienen una tasa de incidencia de 25 y 21.

Esta alarmante crisis en la que se encuentra inmerso el Departamento del Atlántico no se originó de un día para otro, lo que estamos viviendo hoy es el resultado de un sin número de factores que se juntaron para explotar de manera fulminante. El dramático incremento en las cifras de fallecidos y nuevos contagiados es la fotografía de lo que se vivió hace más de 20 días atrás con la indisciplina de muchos atlanticenses y la falta de control por parte de las autoridades.

Aunque algunos lo quieran negar, nos encontramos en máximo estado de emergencia sanitaria debido al exponencial aumento de casos en el departamento, las camas en las unidades de cuidado intensivo (UCI) están escaseando, nuestros ciudadanos están muriéndose en las salas de las clínicas, esperando ser atendidos por el colapsado sistema de salud, mientras que la gente sigue de fiesta exponiéndose al contagio.

Sigo sin entender por qué el ministro de Salud y Protección Social, Fernando Ruiz Gómez, cuando vino a la ciudad el pasado 22 de mayo, dijo estar “tranquilo” por manejo de la situación de COVID-19 en Barranquilla y Atlántico, cuando los mismos reportes del ministerio dan cuenta de que para esas fechas las cifras de contagios y muertes ya habían iniciado su despegue, es increíble que una semana después el irrefutable panorama contradijera totalmente las declaraciones emitidas por el jefe de esta cartera.

Las nuevas medidas, restricciones y cercos sanitarios que han sido anunciadas los últimos días con la llegada de 400 uniformados del Ejército Nacional para apoyar la estrategia de contención del COVID-19, serán insuficientes sino se le transmite a la ciudadanía un correcto mensaje que los convenza de la necesidad de prevención y cuidado colectivo e individual. Hay que luchar contra la baja percepción de riesgo que existe entre los atlanticenses, reorientando con cambios estructurales las estrategias que hasta hoy se han utilizado.

Los efectos positivos de las nuevas medidas que se están implementando los veremos después de quince días, tenemos que trabajar de manera conjunta para cambiar el panorama que hoy nos agobia, hay que luchar desde todos los frentes para evitar que el número de víctimas mortales siga aumentando, los barranquilleros y atlanticenses tenemos que ponernos la camiseta y de manera individual y colectiva, atender los protocolos de bioseguridad y las medidas de aislamiento social. Necesitamos que el nuevo récord que se supere sea el del rápido desescalamiento en las cifras de contagios y fallecidos, no el de más infectados y muertos.

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