El perdón de las naciones

El perdón de las naciones

Una de las denotaciones que ha venido evolucionando es la que se ha tenido sobre la conceptualización de lo que constituye la nación. Sí, anteriormente la noción de nación se concebía como el conglomerado que se identificaba con unos elementos comunes, étnicos, ideológicos, históricos, culturales o religiosos. Sin embargo, por el desarrollo de la sociedad, inclusive a nivel mundial, que incluye la diversidad en los aspectos anotados, se advierte que la noción de nación ya no es de orden estático sino dinámico. Hoy se trata de un grupo social que no solamente se encuentra arraigado en un territorio compartiendo unos relevantes comunes, sino que es un grupo que opina, delibera y decide.


Una vez hecha la anterior introducción procedemos a conectar o a hacer sinapsis con las siguientes líneas. Pues bien, el reconocido filósofo y profesor de la también ponderada Universidad de Harvard, Michael J. Sandel, en su libro “Justicia ¿hacemos lo que debemos?”, y más concretamente en el capítulo “Los dilemas de la lealtad”, se pregunta “¿Deben disculparse las naciones por sus injusticias históricas?”. Al lado de este interrogante el intelectual concibe estas disculpas como gestos públicos que pueden servir para restañar heridas del pasado y crear cimientos de reconciliación moral y política, además agrega que las reparaciones y otras formas de restitución económica se pueden justificar como expresiones de enmienda.


La historia, los historiadores y en general los pensadores, dan cuenta de diversos acontecimientos que han provocado el reconocimiento de las naciones … la Segunda Guerra Mundial, las dictaduras en Europa, en Latinoamérica, la esclavitud, el racismo, entre otros hechos. Sobre estos sucesos algunos reconocimientos y perdones han procedido directamente de sus protagonistas o por los siguientes dirigentes y generaciones. Como estos reconocimientos conllevan realizaciones y reparaciones, Michael J. Sandel describe la discusión que se plantea en torno a la obligación de estas disculpas colectivas.


Al margen del debate planteado por el referido filósofo, lo que indica la historia nacional y universal es que las naciones se han equivocado y han provocado resultados negativos o adversos en el tratamiento de los tópicos que atañen a toda humanidad. La pandemia mundial que ha generado crisis en distintas áreas de la sociedad ha evidenciado lo que era conocido, los errores, que incluyen acciones y omisiones en las naciones, a nivel local, nacional e internacional, y más concretamente en sus dirigentes … en la economía, en lo social, en la salud, en el medio ambiente, en la educación, en la justicia, como algunos ejemplos.


Los desaciertos que se han hecho notorios ante la emergencia sanitaria han sucedido antes de ésta, durante ésta, y lo que está por verse son los que vendrán después que termine la fatigante época, es decir, la postpandemia, toda vez que siempre contaremos con la imperfección humana. El debate ético seguirá escenificándose con sus diferentes corrientes filosóficas y teorías de la justicia … la justicia cooperativa de Aristóteles, el imperativo categórico de Kant, el utilitarismo de John Stuart Mill, la justicia imparcial de Rawls, etc.


El perdón es un fruto que sale del interior del ser humano, de forma que este primero tiene que ser cultivado de manera individual para después ser propagado en lo colectivo. En todo caso, se trate del perdón individual o del perdón colectivo, lo que sí es claro es su necesidad, lo que sí es preciso es que restaura, lo que sí es acertado es señalar que produce realizaciones y reparaciones, que son las que están esperando las sociedades de parte de sus dirigentes, de parte de sus instituciones, nacionales y mundiales. Las sociedades que hicieron reconocimientos han notado las bondades y efectos de sus actos, hoy se desarrollan de una manera distinta y están a la vanguardia. Alemania aceptó el desastre que dejó la Segunda Guerra Mundial y estructuró el estado constitucional, aun, en tiempos contemporáneos, asistió a Grecia, aceptando tácitamente el aporte de los griegos a la humanidad, y en Sudáfrica reconocieron la desigualdad racial y la noción de equidad de derechos, dándose un día cuenta que el apartheid no era lo mejor para su desenvolvimiento colectivo.


El mundo se encuentra entonces ante la expectativa de los que dirigen, de las instituciones locales, nacionales e internacionales, públicas y privadas, de los países desarrollados, de las organizaciones mundiales, del inventario que harán de necesidades y problemas, sobre las políticas públicas que presentarán y plantearán, de las soluciones en general, si tendremos esperanzas de recibir una mejor atención en salud, en servicios públicos, si contaremos con un mejor ambiente, si las matrículas universitarias de pregrado y posgrado serán alcanzables, si el acceso a las oportunidades y ascensos laborales será justo, en fin, es larga la lista, hay demasiado por hacer. Sin embargo, es incierto conocer si verdaderamente los obligados expresarán sus acciones y omisiones, y aún más, si concretarán las realizaciones y reparaciones.

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