La violencia doméstica, la otra epidemia en un Irak confinado

La violencia doméstica, la otra epidemia en un Irak confinado

La madre de Malak, de 20 años, reclama morfina para su hija. Bajo las vendas, se esconde la última víctima de la “epidemia de violencia doméstica” en Irak, que se ha visto agravada por el confinamiento.

En las últimas semanas, cuando las familias se encerraban en sus casas por orden de un gobierno preocupado ante la idea de que sus hospitales se vieran desbordados de enfermos de COVID-19, activistas y funcionarios internacionales no han dejado de ver cómo crecía otro triste balance.

“En una semana, hemos computado la violación de una mujer discapacitada, violencias conyugales, quemaduras infligidas a uno mismo o a otro, mutilaciones de mujeres maltratadas, menores víctimas de abusos sexuales y un suicida, entre otros crímenes”, según las agencias de la ONU que operan en Irak.

Malak al Zubeidi “solo quería recibir la visita de su familia”, cuenta a la AFP Hana Edward, la militante por los derechos de las mujeres más activa de Irak desde hace décadas.

Su marido, policía, se lo negaba desde hacía ocho meses, por lo que el 8 de abril, “llevada por la emoción, [la mujer] amenazó con prenderse fuego”. “Su marido le respondió ‘adelante, hazlo’, y lo hizo”, explica Edward.

“Él la miró quemarse durante tres minutos”, continúa la oenegé Human Rights Watch (HRW), que cita a la madre de Malak. “Y no la llevó al hospital hasta una hora después”.

Diez días más tarde, la mujer falleció.

esde que comenzó el confinamiento, la violencia doméstica en el país aumentó un 30% -e incluso un 50% en algunos lugares-, asegura a la AFP el general Ghalib Atiya, jefe de la sección de la policía encargada de los asuntos familiares.

Para Hana Edward, esto se debe a que el confinamiento dejó a muchos cabeza de familia sin ocupación, y sobre todo sin ingresos, y a sus hijos sin escuela.

“La gente está encerrada junta en casa muchas horas y a veces las cosas más insignificantes conducen a disputas que hacen estallar la violencia”, precisa.

En la provincia de Wassit, fronteriza al este con Irán, un médico de 58 años mató a su esposa porque esta no le dejaba vender una tierra a su nombre, indica a la AFP Sajjad Hussein, abogado de derechos humanos.

En Samarra, al norte de Bagdad, la imagen de una niña de 10 años llorando estremeció en las redes sociales. Con los dos brazos rotos por los golpes de su padre, Saba suplica: “no quiero ver a mi padre, me pega todos los días”.

“Nos dice que es para ‘educarnos’”, insiste su madre, divorciada.

Educar y castigar son las palabras con las que pueden jugar los jueces hasta ahora. La ley es poco clara en un país donde sin embargo, según la ONU, el 46% de las mujeres casadas dicen haber sido víctimas de violencia doméstica, y un tercio de ellas de violencia física y sexual.

– Diputados ausentes, tribus al mando –

Por su parte, 85% de los hombres iraquíes asegura que impediría a una mujer de su familia presentar una denuncia, indica la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Solo un 75% de las mujeres afirma que no iría a la policía, por miedo a más violencia o a ser vistas.

A esto se añade el hecho de que, ante la falta de hogares o estructuras de acogida, la policía generalmente se ve obligada a ofrecer la prisión como alternativa a las mujeres que denuncian.

En la otra cara de la moneda, los autores de los crímenes tienen a la ley de su parte.

Según el artículo 41 del código penal iraquí el marido tiene derecho a “castigar” a su mujer y a sus hijos “en los límites de la ley y la costumbre”, y prevé, como en otros países de la región, sentencias más ligeras para los crímenes “de honor”.

Desde hace años, Afrah al Qaissi y otros militan para que la ley sea más dura con ellos, dice a la AFP. “En cada ocasión, hay un bloqueo de los diputados que dicen identificarse con el sentimiento religioso y del islam o argumentan que quieren descongestionar los tribunales”.

“No deberíamos necesitar una pandemia para que los diputados se ocupen de la otra pandemia, la de la violencia doméstica”, alerta Belkis Wille, de HRW. “Pues si no lo hacen, habrá más muerto”.

Y sobre todo más impunidad.

En el caso de Malak, por ejemplo, si bien su marido, su suegro y su tío político fueron detenidos, estos se enfrentarían solo a seis meses de cárcel por “negar auxilio a una persona en peligro”.

Además, como suele ocurrir en Irak, podrían eludir la justicia pues generalmente son las tribus las que solucionan las historias familiares.

Fuente: AFP

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