Columna Edgar García Ochoa Flash Marzo 23 de 2020

Un turista que visitó Cartagena recientemente, hizo una radiografía escrita de lo que le pareció la ciudad en el sector histórico: -“Se parece mucho a Andalucía, la tierra festiva de nuestra España, con sus calles angostas y su ambiente colonial. Luego, visitando el sector del turismo, es como si uno estuviera en una versión de Miami, pero la mala impresión es cuando el avión aterriza y se ven unos barrios marginales y miserables que pareciera Haití.”

Interesante esta apreciación que dijo alguna vez Gabriel García Márquez, nuestro nobel de literatura: -“Soy uno de los seres más solitarios que conozco y de los más tristes, aunque resulte increíble… La gente caribe es muy así, aunque tienen fama de todo lo contrario, de gregarios, de pachangueros, de fiesteros, pero uno los ve en plena fiesta y están con unos ojos de melancolía.”

El avión es uno de los pocos sitios del mundo en donde las personas se igualan.

Una reina de belleza, una ama de casa, un ministro, un financista, un sabio, un obrero, un estudiante, comparten asientos de tú a tú. El miedo los iguala.

La gente es más amable en los aviones. Se abre conversación fácilmente.

Una vez el avión aterriza, el ciudadano vuelve a su habitual carácter, ya sea arrogante, tímido, distante o vanidoso.

Si los mismos pasajeros se encuentran en tierra, lo más probable es que la cordialidad que tuvieron no sea la misma.

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