El dios blanco y las guerras espirituales

El dios blanco y las guerras espirituales

Por Ulises Redondo Cienfuegos.

Las «guerras» invasivas-agresivas-genocidas puestas en marcha por los imperios en contra de pueblos inermes han tenido como propósito la conquista expansiva del poder para dominar, y el dominio para enriquecerse.

Como estrategia  geo-política, son «guerras» implementadas para robar inmensas riquezas materiales apoyándose en bastos recursos materiales: poderosos ejércitos, avituallamiento y logística. No obstante y en paralelo a ello, desatan una «guerra espiritual» diseñada a partir de la religión. El dios blanco o de los blancos exportado por los invasores-agresores españoles adquiere protagonismo en el «Nuevo Mundo».

En el siglo IV de nuestra era, Constantino, el emperador romano se convirtió al cristianismo más por oportunismo político que por fe (él siguió siendo pagano). Constantino I había observado como masas de creyentes eran fieles e incondicionales seguidores del Mesías.

Los españoles, con el ADN del bárbaro y agresivo pueblo visigodo encriptado en su sangre y ya convertidos al cristianismo al ser Hispania territorio del imperio romano, antes de la invasión musulmana, exportaron hacia Abya Yala el dios de los blancos.

La colonización y dominio de la mente es más dañina que la colonización y dominio de territorios. La subyugación es, al principio material, pero luego se mantiene con la dominación espiritual en donde la religión con sus iglesias juega un rol determinante.

La colonización y dominación espiritual de la mente somete a los «espíritus» libertarios y justicieros. Con este sutil sometimiento el aborigen («indio») de los pueblos originarios de América no aceptará a sus dioses sino al Dios blanco, el esclavo negro renegará de los suyos para reconocer a Cristo; similar actitud será normal en mulatos, mestizos, zambos, cholos, moriscos y castizos. El fino proceso invasivo de la mente fabrica un producto acabado del cual podemos sentenciar: Dios indio no salva indios, Dios negro no salva negros; Dios blanco salva a indios, negros, mulatos, mestizos, zambos, cholos, moriscos y castizos.

Hablamos de salvación de almas, salvación espiritual (vida eterna) y no de liberación y salvación en términos materiales porque del sub consciente de estos pueblos ha sido erradicada esa legítima aspiración. Ellos, los sometidos, no quieren ser salvados ni liberados en el plano físico.

Los pueblos originarios de América eran politeístas y panteístas. Si no hubiese habido colonización y conquista no existiera en nuestro territorio la religión cristiana. No hubiese sido posible el credo cristiano y no se tuviera a Cristo, el Dios blanco, como el Mesías. El Dios blanco de los blancos se impuso.

Antes de la llegada de los invasores-agresores españoles, los aztecas y toltecas esperaban el regreso de Quetzalcóatl un vikingo considerado una especie de dios por ellos quien había llegado a tierras americanas primero que los agresores provenientes de la península ibérica. Pero no lo confundieron con Hernán Cortés, como tampoco creyeron que el rey de España era Quetzalcóatl. Fue Cortés quien tergiversó palabras de Moctezuma, este sí, considerado por los aztecas como un dios. Ese episodio ha sido desmitificado. Cortes y sus tropas pronto fueron vistos como intrusos y agresores. Parte de los pueblos nativos les opusieron resistencia. Y a esos rebeldes los satanizaron llamándolos caníbales, en alusión al pueblo Caribe férreo enemigo de los invasores-agresores, siendo Colón el primero en lanzar el vocablo peyorativo.

Las cifras del genocidio no pueden ser más elocuente: 70 millones de aborígenes fueron asesinados en Abya Yala. Para los invasores, matar un «indio» era como matar a un perro, porque no eran considerados hijos del Dios blanco. La agresión genocida, combinada con guerra espiritual les dejó el camino expedito para el saqueo monumental de riquezas, oro y plata, principalmente.

600 años después, la agresión alevosa se repite con la peculiar diferencia que la guerra espiritual es comandada por pastores «iluminados», «virtuosos», «sin mácula», quienes fungen como profetas «elegidos» por el Dios blanco de las iglesias evangélicas, aunque en realidad son empresarios y comerciantes de la fe; «guías espirituales» de una montonera de seguidores fanáticos cuyos cerebros han sido «lavados» por ideas dominantes e invasivas colonizantes, práctica que ha vuelto a dar ganancias sustanciales al opresor.

Meten preso a Lula con la complicidad de las iglesias evangélicas lideradas por Bolsonaro quien en lo sucesivo es elegido presidente de Brasil. Dan golpe de Estado a Evo e inmediatamente la auto proclamada presidenta Jeanine Áñez trae la biblia al palacio presidencial mientras los comandantes de las fuerzas armadas y la policía auto denominan a sus tropas: ejércitos de Jehová para reprimir a los «indios» seguidores de Evo ¿Entonces, Evo era el demonio?

Faltó decir que Evo era un caníbal. Pero, Evo, el indio demonio, el zarrapastroso logró que Bolivia dejara de ser uno de los países más pobre de América Latina. No le perdonaron a Evo su gen, el mismo de los pueblos ancestrales originarios. También satanizaron al Lula de los obreros, a Chávez, el mulato de clase media-baja y a Correa al economista en cuyas ecuaciones de economía macro, no hay restas sino sumas y multiplicaciones.

El Jesús histórico, fue crucificado por los romanos quienes lo acusaron falsamente de dios de los judíos. Para los judíos esa era una criminal afrenta a sus creencias, un delito penalizado con la muerte en la cruz, en la provincia de Judea. Pero, ¡ah sorpresa!, se convirtió en el dios de los blancos. Claro, primero lo hicieron a la imagen y semejanza de un blanco de realeza: alto, rubio, nariz fileña, labios delgados y ojos azules. Aunque la cirugía con fines de embellecimiento facial y corporal no la habían inventado, basto una pintura para que las hordas fanáticas se creyeran el cuento. La fisonomía, el aspecto físico de un hebreo en nada se parece a la de un blanco de raza aria, pero ese no es el tema que nos ocupa.

Hoy, en América Latina, los grupos neo pentecostales se han propagado muchísimo, son cuentapropistas. Es un cristianismo fundamentalista, fanático, donde la riqueza es considerada una gracia de dios. Es novedoso, y está prendiendo en muchas partes.

El filósofo Enrique Dussel explica que esa biblia “no es la del catolicismo y de derecha tradicional, es la biblia de los nuevos grupos evangélicos que justamente toman la cultura popular y los pueblos originarios como un oscuro paganismo, que el cristianismo –su cristianismo- debe reemplazar a rajatabla. Esa biblia no es católica de derecha, es una biblia que viene de las sectas norteamericanas».

Dios es un todo absoluto como para reducirlo a unos cuantos nombres. Si de la salvación de la creación y de la vida se trata, entonces, el dios o los dioses a los que adoremos serán los de la vida en abundancia, el amor, la paz y la justicia. Y si nuestra fe es consecuente con esos principios universales no es malo creer siempre que se haga con mente y corazón sinceros.

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