No hay peor sordo….

En menos de un mes el presidente Iván Duque ha tenido que ESCUCHAR: los desastrosos resultados de su partido en las elecciones regionales del 27 de octubre; la caída de su Ministro de Defensa a manos de del Senado; los números decepcionantes acerca de su gestión en la última encuesta de Gallup; los peores datos de desempleo de los últimos años; el vergonzoso “Pacho-Gate” y las peticiones de quienes participaron en las marchas.

Colombia habló fuerte y claro a través de las marchas de protesta en más de 500 municipios del país -que connotaron el gran Paro Nacional del pasado 21 de Noviembre- y en diferentes capitales del mundo y que fueron rubricadas con los Cacerolazos del día siguiente en varias ciudades.

Sin duda lo más importante que ha sucedido es que estas marchas que enmarcaron el Paro Nacional no obedecieron a ninguna iniciativa de alguna corriente política. No tuvo impronta partidista. Fue la más efusiva muestra de una nueva forma de protesta en el país. Una auténtica expresión ciudadana en donde participaron hombro a hombro estudiantes, obreros, profesores, vendedores, choferes, indígenas, deportistas, amas de casa, empleados, jueces, líderes sociales, desempleados, sindicatos, campesinos, defensores de derechos humanos, grupos de jóvenes, artistas, etc.

La verdad es que habíamos estado acostumbrados a ver este tipo de nuevos movimientos espontáneos de crítica con un altísimo componente ciudadano alrededor del mundo en manifestaciones como la “Primavera Árabe” en el Medio Oriente, “Los Indignados” en España, “Occupy” en Estados Unidos o los “Chalecos Amarillos” en Francia y, más reciente y cercano, en Chile, Ecuador y Bolivia. Pero nunca en Colombia y mucho menos terminando con “Cacerolazos” en diferentes partes de territorio nacional. La diferencia es que en el exterior las protestas han sido violentas pero aquí fueron pacíficas. Lo cierto es que Colombia se está transformando.

En Chile, Ecuador y Francia los gobiernos respectivos decidieron poner atención a las peticiones de los protestantes y concretar medidas que benefician a los más vulnerables, mejoran las condiciones laborales de los asalariados y disminuyen la carga impositiva de la clase media. La pregunta obligada es: algo similar sucederá en Colombia..? Cuáles van a ser las consecuencias de este paro sin precedentes…?

El primer mandatario de los colombianos inició esta semana una “Gran Conversación Nacional”. Hay expectativa sobre cuál va a ser su metodología, pues evidentemente los talleres de “Construyendo país” que ha venido adelantado durante su mandato no han dado resultados y lo que ha anunciado hasta ahora deja muchas dudas. En primer lugar en lo que se refiere a los interlocutores que, según él, son “los que estuvieron y no estuvieron en las marchas” antes de tomar como tales desde el principio al Comité Nacional del Paro que representa a la mayoría de los manifestantes. También en los temas a tratar como son: Equidad, Corrupción, Educación, Paz con Legalidad, Medio Ambiente y Fortalecimiento Institucional, dejando por fueras otros de la mayor importancia para los colombianos como son: el desempleo, la inseguridad, la impunidad, los impuestos y las reformas laboral y pensional, entre otros. Por último, en el período de este ejercicio que es hasta el próximo 15 de Marzo del 2020 cuando ya haya entrado en vigencia la nueva ley de financiamiento que tanto rechazo ha causado.

El presidente ya “sabe de qué le hablan, viejo”, creemos que ahora, ante la abrumadora evidencia, debería desmarcarse de su mentor y de su partido para escuchar a Colombia. Si no lo hace deberemos recordarle que: “No hay peor sordo, que el que no quiere oír.”

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