En el pueblo

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Me llama la atención el consejo sobre no usar los términos “pueblo” o “pueblerino” cuando se conversa con los habitantes de los municipios. Yo soy de pueblo y no me incomoda que me digan así, porque soy consciente de las ventajas de haber nacido y crecido en un pueblo: relaciones muy cercanas con vecinos, amigos y familiares.

Sin embargo, quienes a muy temprana edad nos trasladamos a la ciudad en busca de una mejor educación y más oportunidad, entendimos las marcadas diferencias que se dan entre el pueblo y la ciudad, así como la importancia de mejorar las condiciones de vida de muchos municipios como resultado de los olvidos del centralismo.

A la larga con el traslado, muchos beneficios se dan, pero también es cierto que se deben superar las consecuencias de estar alejados de papá y mamá, así como el sentirse de allá y de acá; por eso, y mucho más, impulsar y mejorar las condiciones de quienes no viven en las ciudades es y seguirá siendo una prioridad.

Ahora bien, pensemos en esta propuesta: ubicar la Gobernación del Atlántico en un pueblo del departamento para fortalecer lo regional y facilitar la gestión que las municipalidades deben realizar ante ella.

Esta nueva localización, impulsaría otro polo de desarrollo departamental para fortalecer el centro y el sur del territorio departamental; tal cual como la Alcaldía de Barranquilla ha planteado trasladar sus oficinas a la zona de La Loma, en la ciudad.

Además, se tendría un impacto positivo en el descongestionamiento del distrito capital por el desplazamiento que hacia él se da.

Ubicar la gobernación en un pueblo del Atlántico es una forma de acabar con el centralismo que se irradia desde Bogotá al resto del país y se replica en la actitud de las capitales hacia los municipios e incluso desde las cabeceras de éstos, hacia el campo mismo.

Por otro lado, también es una forma de reconocer la importancia de los municipios y su gente, y apoyando la descentralización, el discurso regional y coherente con la Ley de Regiones, desconcentraría recursos y poder para que se deje de mendigar, pues una idea más del centralismo es que los pueblerinos preparados no están para gobernarse.

Así que, los conocedores y verdaderamente comprometidos con las realidades y potencialidades de los municipios serían los llamados a gestar y ejecutar -en sitio- los planes regionales de desarrollo, ya que para muchos resulta incómodo tener que desplazarse al pueblo para trabajar.

Sintetizando diré, que la vida en el pueblo es sabrosa y la calidad y cobertura de los servicios debe ser buena para evitar que muchos busquen afuera lo que allí también deben encontrar.

Así pues, ad portas de la contienda departamental, será interesante dar el debate, y analizar las ventajas y beneficios que se podrían generar al ubicar la gobernación en uno de sus pueblos.

Finalmente, amerita exaltar a quienes trabajan y sirven en lugares y rincones donde no es atractivo para muchos estar. Esos que se educaron por fuera, con esfuerzo y dedicación y que hoy regresaron a vivir en su pueblo natal o viajan diariamente desde la capital para servir a su gente, dejando a un lado las ventajas laborales de la ciudad.

@sisi_bq

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